Hasta ahora no era consciente de la cantidad de cosas que he ido acumulando en los últimos años.
En mi vida he tenido que realizar diversas mudanzas y como todo el mundo, he ido dejando cosas tras mis pasos. Dicen que
si algo no lo utilizaste durante el último año, es que no lo necesitas y te puedes desprender. Pero yo, como buena virgo, muchas cosas las guardo porque creo que le voy a dar uso en algún momento.
En mi interior más profundo creo que tengo a
Diógenes acechando….
Como digo, hay muchas cosas de las que me desprendido mudanza tras mudanza. Cosas que no necesitaba, estaban deterioradas o bien que creía que nunca más iba a utilizar. Bien!, pensaba yo. Ilusa de mi….
Doné unas botas fantásticas y nuevecitas que ahora se vuelven a llevar,
unas sandalias preciosas que me iban de miedo con el vestido que me compré en verano y un montón de cosas más. En cambio
me quedé con la camisa que ya no me va, los zapatos que crían polvo y un montón de prendas que lo único que hacían eran ocupar espacio en el armario.
Hace unos días, cansada de ver ropa y más ropa que prácticamente no me ponía, decidí hacer una “limpieza”, pero como mi Diógenes no me deja libertad y la experiencia con botas, sandalias y demás me han dado una lección, únicamente he hecho “limpieza visible” que quiere decir, poner en cajas lo que ya no uso, esperando que las siguientes situaciones se den en un futuro no muy lejano:
1. Que se vuelvan a llevar.
2. Que vuelvan a sentarme bien y no como lo que viene siendo un choricillo.
3. Ambas cosas, que sería el estado ideal.
Y así estuve durante 3 tardes, con las habitaciones patas arriba, con ropa por todas partes, con montoncitos por colores y tipología (que una es muy ordenada) y disculpándome cuando el Sr. de Gas Natural vino a hacer la revisión del gas y tuvo que hacer acrobacias para revisar los radiadores sin pisar ninguna prenda. (Tengo que decir en mi defensa que la cocina estaba bien recogidita y que pensaba que con revisar la caldera, ya tenía más que suficiente).
¿Soy la única a la que le pasa esto? Por favor decidme que no estoy sola….
Pues eso, 3 tardes después, un rubor intenso durante 30 min, un chute de antiestamínico por el ataque alérgico que me dio y tres cajas llenitas de ropa después, tengo el vestidor ordenado. Y me siento mucho mejor.
Así que para celebrarlo os traigo estas palmeritas saladas para que la disfrutéis mientras yo estoy pasándolo pipa en el
Fòrum Gastronòmic de Girona, hasta el martes.
Si estáis por allí contactadme por twitter: @Recetasdemon
Estas palmeritas, rellenas de brócoli, queso y jamón, son fantásticas y es una forma de introducir nuevos sabores a los más pequeños. Espero que os gusten!
Disfrutad de la semana.
Ingredientes:
– 1 lámina de hojaldre (mejor si una base cuadrada o rectangular)
– 200 gr de brócoli
– 3 c/s «con montañita» de parmesano rallado (lo puedes cambiar por el queso curado que quieras)
– 75 gr de jamón serrano (cuanto más bueno, mejor aunque es mejor que no esté demasiado salado)
Elaboración:
Hervir el brócoli en agua hirviendo con sal durante unos 10-15 min o hasta que esté tierno.
Mientras, picar el jamón con la ayuda de una picadora hasta que esté muy muy picado.
Incorporar al jamón el brócoli hervido y el queso rallado y volver a picar hasta que quede una masa con los ingredientes bien integrados.
Precalentar el horno a 180º.
Extender la masa de hojaldre (no hay que estirarla más de lo que ya está) y poner la mezcla de brócoli encima con la ayuda de una espátula.
Enrollar uno de los laterales del hojaldre sobre si mismo hasta la mitad de la masa. Hacer lo mismo con la parte opuesta de forma que queden dos rollitos o una palmerita muy larga.
Dejar reposar en la nevera durante 10 min. Pasado este tiempo, cortar con un cuchillo las palmeritas. Ponerlas en una bandeja de horno con papel vegetal e introducir en el horno durante 15-20 min o hasta que estén doradas. Dejar que enfríen en una rejilla y servir como aperitivo.
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