Hay decisiones importantes en la vida. Decisiones de las que depende el resto de tu tiempo: qué carrera elegir, irte a vivir con ese chico, aceptar esa oferta de trabajo, o…. elegir la cola adecuada en las cajas del supermercado.
Entras en el super con una lista donde detenidamente has apuntado todo lo que hace falta, recorres los pasillos esquivando a otras personas que caminan haciendo zig-zag, metes en el carro todos los ingredientes que necesitas y vuelves a algún pasillo de nuevo porque recuerdas que te falta ese ingrediente taaaaan importante. Lo tienes todo, revisas por segunda vez la lista y sí, todo tachado. Bien. Te diriges a la zona de cajas para sacar de nuevo todo lo que has metido dentro del carro para después volver a meterlo en bolsas (proceso que tendríamos que mejorar, la verdad). Y allí están, 4 cajas con sus correspondientes cajeras y una cola de cuatro personas que como tú, esperan su turno para pasar la Visa.
¿En qué caja te pones? ¿En la que hay dos carros y un jovenzuelo con seis cervezas? ¿En la que hay cestas pero ves que el cajero es un poco lento? ¿En la que hay dos señoras mayores que tienen pinta de buscar la calderilla sin éxito? Todo un dilema.
Pero lo que suele pasar, es que después de elegir y estar feliz con tu elección es que:
– Uno de los artículos de la persona que tienes delante no tiene código, con lo que tienen que avisar a un compañero para que traiga uno similar.
– Se abre nueva caja con lo que debes volver a decidir si te cambias corriendo (hago énfasis en «corriendo») o bien te quedas donde estás. En este punto aclaro que «por orden de cola» es un eufemismo.
Bien, estaréis conmigo en que no es una decisión del todo importante y nuestra vida no depende de ella, pero de la que sí que depende nuestro humor durante la siguiente hora y el número de bufidos mientras hacemos cola.
El plato de hoy no es para bufar si no para resoplar de lo rico que está. Hace unos meses April’s Kitch me dijo que ella cocinaba las hojas de remolacha y me sorprendió tanto que he tenido que hacerlas. (Podéis ver su receta aquí) Seguí su consejo y las cociné como las espinacas acompañándolas como si fueran a la catalana (light) pero en vez de pasas, añadí Bayas de Goji.
La verdad es que el sabor es muy bueno, el color fantástico y tienen un sabor muy parecido a la espinacas. Así que ya sabéis, si compráis remolachas, que no os corten las hojas. ¡Aprovechadlos!
Sobre las bayas de Goji os comento que buscando información sobre sus beneficios (especialmente su poder antioxidante) he encontrado este artículo de OCU que creo que es importante compartir.
Bien, espero que os guste la receta de Hojas de remolacha con piñones y bayas de Goji y especialmente el ingrediente principal.
Os recuerdo también que todavía tenéis tiempo de participar en el sorteo de una plaza para el taller PIXEL (Edición fotográfica básica con Photoshop). Podéis participar cliclando aquí.
¡Disfrutad de la semana!
Ingredientes: (2 personas)
– Hojas y tallos de 4-5 remolachas.
– 1 puñado de piñones
– 1 puñado de bayas de Goji
– Aceite, sal, pimienta
Elaboración:
Limpiar las hojas y los tallos de remolacha. Poner en una cazuela o sartén honda con un par de cucharadas de agua. Cocinar a fuego suave tapado hasta que las hojas y los tallos estén tiernos (aprox 10min). En una sartén a parte dorar los piñones a fuego suave para que se doren. Incorporarlos a las hojas de remolacha junto con las bayas. Echar un chorrito de aceite, salpimentar y rehogar 5min más. Servir.
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